Mostrando entradas con la etiqueta vida cotidiana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vida cotidiana. Mostrar todas las entradas

martes, 22 de julio de 2014

5 meses con Olau

Mañana hará 5 meses que conocimos a Olau. Después de pasar un embarazo tranquilo y casi clandestino gracias a una barriga que prácticamente no apareció hasta el sexto mes, el vikingo decidió adelantarse dos semanas y media. Rompí aguas en casa porque aquel día trabajé en el turno de mañana sino me pilla en la biblioteca. Así de bien me encontraba.

Me enfrenté al parto sin miedo. Había acudido a las clases de preparación al parto y leí diversos libros que me ayudaron a entender el proceso fisiológico del nacimiento, pero fueros dos lecturas las que más me realizaron: Parir sin miedo y Parir sin dolor, ambos textos de Consuelo Ruiz de los que os hablaré próximamente.

Aunque sabía todo los procesos que se sucederían durante el parto, no estaba preparada para una rotura de bolsa accidental. Es decir, que el vikingo rompió la bolsa pero no tenía intención alguna de venir al mundo todavía.

Catorce horas después de romper aguas, de caminar y caminar, subir y bajar escaleras, ir a hacer la compra semanal y demás trabajos para animar al pequeñajo a salir, nos tuvimos que rendir y aceptar que iba a sobrellevar un parto inducido.
En las clases de preparación al parto había escuchado a un par de madres que vinieron a hablar de sus experiencias en el paritorio y justo las dos habían sido inducidas. Relataban contracciones muy dolorosas, incapaces de aguantar sin analgesia. 

Mi ilusión era disfrutar de un parto natural. Y escribo disfrutar porque me preparé especialmente para acompañar las contracciones sin bloquearme ni sentir pánico. Debo decir que mi tolerancia al dolor es más que alta y que desde mi primera regla he tenido contracciones (mucho más leves que las de parto obviamente) en cada menstruación. 

Fotografia de Norma Grau
Así que aguanté 38 horas de contracciones cada vez más fuertes. Lo viví como un proceso de acompañamiento al bebé, sentía que el trabajo duro, estresante y doloroso lo hacía él. Sorprendentemente no sentí dolor, era más una molestia creciente que me agotaba cada vez más a medida que pasaban las horas. Por más que me inducían, el vikingo decía que nanai. 

Finalmente, cuando empezaba a sobrevolar la temida cesárea por la cabeza de mi matrona, nos decidimos a intentar la inyección de oxitocina y darle otra oportunidad al vikingo.
Dado que estaba más que agotada y con la posibilidad de tener que hacer una cesárea en cualquier momento, me decidí a aceptar la peridural.

En cuanto entró en mi cuerpo el primer ciclo de oxitocina, el vikingo despertó de golpe y casi no hubo tiempo para nada. Dos pujos y le conocimos. Fue muy extraño porque pensé que me embargaría un amor instantáneo hacia él, tan fuerte como para dejarme noqueada. Pero en su lugar sentí una tremenda ola de compasión. Tan pequeño, desvalido y sin nadie más que sus padres para cuidar de él. para quererle y procurarle todo aquello que necesitara. Fue raro.

Cinco meses después, hemos dejado atrás un puerperio que se me hizo especialmente duro. Durante semanas no pude deshacerme del sabor agridulce que me dejó el parto. Ilusionada como estaba por sentir como le ayudaba a nacer, poder verlo nacer de mí y de golpe no poder experimentarlo. Con muchas lecturas sobre el embarazo y el parto y prácticamente nada sobre lo que pasa después, me sorprendió la dependencia extrema que teníamos el uno del otro. Sentí que mi vida, tal como la conocía había quedado atrás y no había tenido tiempo de despedirme de ella.
Por suerte, ahora estoy en sintonía con mi pequeño vikingo que ya me reconoce, se ríe de mis chorradas y me funde el corazón cuando me mira fijamente para luego acariciarme la cara.

Y cuando se acaba el día, siento que el agotamiento que porteo ha valido la pena. Miro la carita tan relajada que pone mientras duerme y tengo que reprimirme para no llenarlo de besos. Ahora sí que no me cabe en el pecho todo el amor que siento por él y por su papá que duerme justo a su lado. Me convenzo y cierro yo también los ojos.

martes, 26 de noviembre de 2013

Experimentando con mi sobrina prelectora


El título de este post suena muy mal, lo sé. Pero no se alarmen no le he hecho nada malo a mi sobrina, al contrario. Emma cumplió el pasado viernes su primer añito de vida y desde que nació me he dedicado a regalarle libros. ¿Por qué? Hombre, menuda pregunta, parecen nuevos por aquí...
Pues porque me sabía de memoria la teoría de los bebés prelectores, que llevaba tiempo repitiendo a padres y maestros, pero nunca había podido comprobarlo por mí misma. La curiosidad era inmensa.
Aunque más que por qué, la pregunta sería, ¿cómo ha sobrevivido la criaturita a tamaña tía monotemática?
Yo también me lo pregunto. Como les decía, parece ser que mucho mal no le he hecho pues mi hermana aún me deja entrar en su casa, achuchar a su hija y permitirme que me la coma a besos. Y la pequeñaja lo único de lo que se muere, es de la risa.

Los primeros libros que le regalé fueron aquellos que eran más fáciles de manipular para bebés de edades tempranas porque están fabricados con materiales muy resistentes y lavables que además permiten ser chupados, como los de tela o los que son para mojar. Mi primera gran emoción, cuando comprobamos con con tres mesecitos cogía el libro con sus manitas y fijaba la vista en las ilustraciones. Fue una pasada... Mis escogidos para esa etapa, entre otros, la versión de tela de Adivina cuánto te quiero y en versión de plástico para mojar El baño de Elmer.


Pasado ese primer subidón, seguimos con los libros de tela más elaborados, con sonidos, lucecitas (que por cierto descubrimos a posteriori que las tenía) y elementos que sobresalen del libro, y también con los de cartoné con esquinas redondeadas. De estos últimos, bueno y de los de tela y para mojar también, hay multitud de variedades en el mercado editorial. Algunos tienen sencillos hilos argumentales, otros son concatenaciones de imágenes sobre el mundo cotidiano del bebé o conocimientos básicos como los colores, las formas, las letras... Como son muy resistentes, son ideales para que los muerdan, los golpeen, los chupen...

















Mi colección favorita de libros de cartoné para bebés es Los libros del chiquitín de Helen Oxenbury. Está formada por diez títulos sin texto, con imagénes de colores suaves, niños sonrosados e historias sencillas. Los objetos y situaciones que ilustran cada libro inteactuan con el bebé (chiquitín). También le he comprado la colección Emma de Jutta Bauer porque a parte de que lleve de nombre el mismo que mi sobrina, la ilustradora es una de mis favoritas. Cada título ilustra situaciones cotidianas (come, ríe, llora, en casa) y tiene pequeños textos rimados. ¡Me encantan!

















Otro momento importante también fue cuando le hice el carnet de biblioteca, que cogió con un entusiasmo bárbaro, aun sin saber qué y para qué era. También hemos introducido los libros de canciones, nanas, rimas y onomatopeyas para leerle en voz alta y que vaya descubriendo el sonido y la entonación de las palabras. Es divertidísimo leer y cantar con ella porque se muere de la risa, parece que la canción le haga cosquillas. No sé, a lo mejor soy yo, pero creo que disfruta un montón con la lectura y sólo tiene un añito.
Me lo paso genial con ella y animo a todos los papis a que lo hagáis, es muy divertido y estamos creando unos cimientos muy sólidos para construir un hábito muy importante.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Serás la madre que decidas ser

Supongo que ya me venía de fábrica, pero el paso por la Facultad de Biblioteconomia de la UB acabó de afianzar una costumbre que tenía muy arraigada: buscar información para resolver cualquier duda o sustentar una hipótesis preconcebida.
Hasta sobre el tema más tonto busco libros, artículos, páginas web y todo lo que se me ocurre para saber aquello que me pica curiosidad, y en un tema tan trascendental como el de la maternidad no podía ser menos. ¡Sería peor! Quizá el hecho de trabajar en la sala infantil de una biblioteca me ha facilitado la oportunidad de contemplar ejemplos de lo que me gustaría ser como madre, pero sobre todo muchos más ejemplos de lo que no querría llegar a ser por nada del mundo.
Así que en cuanto elAbogado y yo nos decidimos a quedarnos embarazados empezó mi búsqueda bibliográfica. Empecé a obsesionarme con fuentes de información donde encontrar testimonios, tanto positivos como negativos, sobre ser m(p)adre. ¿Por qué querrías ser madre? Una vez pasado el tiempo ¿te ha compensado ser madre? ¿Te has arrepentido? 

Sorpresivamente para mí, no encontré demasiada variedad al respecto. La lectura que más me impactó fue No kid: 40 buenas razones para no tener hijos. En este ensayo de la autora Corinne Maier el lector puede acceder, como bien indica el subtítulo, a cuarenta razones para no tener hijos. La propuesta es radical y más allá de afirmaciones muy muy exageradas que se pueden encontrar en el libro, me tomé esta lectura como una brutal crítica social a tener hijos porque sí. Como quien se compra un coche o se va de viaje, aquella de más allá se ha quedado embarazada y de golpe se me despierta el instinto maternal. Si tienes dudas, leerte este libro te sacará de ellas. O te produce un rechazo visceral o te afianza en tu convicción de tener hijos, y encima hacerlo "bien", ya que las cuarenta razones son tan espeluznantes que si de verdad quieres ser madre lucharás con todas tus fuerzas para que ninguna de ellas se haga realidad.

Pensé que me quedaría con esta lectura y ya, pero llegó un libro a la biblioteca que me llamó la atención: Una nueva maternidad, formado por textos de mujeres que publican en sus propios blogs, siguiendo la línea de la crianza natural. A los pocos días una compañerá reseñó en el blog de las bibliotecas el ensayo La mujer y la madre de Elisabeth Badinter y también me lo leí. Dos opciones que no pueden ser más contrarias. En el primer libro, hay un tono general hacia la maternidad como se concebía antes de la incorporación al mercado laboral de la mujer, resumiéndolo muy burdamente (porque hay más que esto) sería un por y para los hijos. Por cierto, ¿dónde están los padres en toda esta revolución en la crianza? Me preocupa que las propias mujeres no les mencionemos ni les incluyamos en el proceso. En el segundo libro, se define a la maternidad como la nueva esclavitud femenina.
Ninguno de los dos me acabó de convencer, ni tanto ni tan poco. Busco un punto medio entre renunciar a todo, o casi todo, por mis futuros hijos y renunciar a la maternidad por mantener tal como estoy ahora con mi trabajo y mi vida personal. Creo que es posible encontrar el equilibro, és más, Elisabeth Badinter define esta realidad como la mujer que se adapta. Espero poder llegar a ser esa mujer que se adapta, ser feliz con mi futura maternidad, poder compaginarla con las cosas que me gusta hacer, transmitírselas a mi hijo y seguir trabajando, ya que sería incapaz de renunciar a mi sala infantil ¡y a mis otros niños! :-)

Al final, toda esta vorágine lectora sobre la maternidad acabó repentinamente cuando hablé con Yolanda, amiga y compañera del trabajo, y ante mi exposición de todas las lecturas que había hecho, soltó un sonoro "puf" de pesadez y me sentenció con sabiduría: "Serás la madre que decidas ser, la que tú escojas y creas que debes ser". Tan fácil y tan sencillo como eso. Espero que finalmente sea así...

sábado, 28 de septiembre de 2013

¿Quién conoce a Copernís?



Un niño se acerca al mostrador de la sala infantil y me pregunta:

- ¿Tienes libros en catalán sobre Copernís?
- ¿Copernís? Querrás decir Copèrnic...
- Nooo, quiero libros sobre Copernís, es un científico.
- Pues seguro que no es Copernís, será Copèrnic. Copérnico en castellano.

El niño me mira con cara de "esta mujer está flipada". Se rinde:

- Vale, pues dame el libro sobre el Copèrnic ése, pero si después no es el mismo que me ha dicho la profe, le diré que ha sido tu culpa por no saber quién era Copernís.
- Me parece justo.

:-)

miércoles, 14 de septiembre de 2011

La biblioteca huele

En la biblioteca disponemos de un servicio que arrassa entre los usuarios y otras personas del barrio que no han entrado nunca en nuestros dominios: el bar.
Está ubicado en una de las entradas al edificio. Uno de los inconvenientes más destacados (para nuestras estadísticas) es que a veces hay más gente en el bar que en la biblioteca, aunque es una paradoja porque en realidad están dentro del edificio de la biblioteca...

Otras de las desventajas: el ruido y el olor. ¿Por qué? Porque no hay mampara alguna que separe los dos servicios. Por eso, cuando ruge la marabunta en el bar, desde la barra tienen que hacer callar a los clientes o pedirles que bajen la voz (cualquiera diría que es un gag humorístico) y cuando llega la hora de hacer las comidas y los menús, en toda la biblioteca se huele lo que se va a comer ese día o al siguiente.
A veces es agradable. Sabes que es jueves porque a las 12 empiezas a notar el olorcito a paella. Otras no tanto, como cuando lo que detectas es coliflor a las 5 de la tarde.

Todo esto os lo cuento para ilustraros una biblio anécdota que me acontenció ayer por la tarde en el mostrador de la planta de adultos (no podía ser en otro):

Usuario: "La biblioteca huele. Huele mucho a pescao"
Yo misma: "Sí, en el bar deben estar cocinando"
Usuario: "¿Y tú no puedes hacer nada?"
Yo misma: "0_0 No, si quiere puede usted formalizar una queja pidiendo que nos instalen una mampara separando el bar de la biblioteca"
Usuario: "Niña, ¿por qué no subes tú y les dices a los del bar que estas no son horas de cocinar pescao?"

Nunca dejo de sorprenderme por las consultas y peticiones extrañas que recibo durante las pocas (y desgraciadas) ocasiones en las que tengo que atender en la planta de adultos. Los niños no preguntan cosas tan básicas y seguramente entenderían por qué no puedo ir al responsable de otro servicio y decirle cómo debe gestionarlo. Con ellos podemos intentar adivinar a qué huele hoy. A mí el otro día me olía a rollito de primavera, a ellos les olía a pimiento. ¡Misterios de la biblio vida!

miércoles, 7 de septiembre de 2011

A los 30

Ya hace 37 días que cuando ojeo alguna revista de las mal llamadas femeninas, dejo de consultar la sección "A los 20" para pasar a la de "A los 30". Cuando cumplí los 20, de golpe y sin previo aviso, dejé de acordame de la edad que tenía. No porque me traumatizara (¡por Dios!) ni nada parecido. Sencillamente pasó así. Cuando alguien me preguntaba la edad tenía que calcularla.
Eso se acabó cuando hice 29 porque todo el mundo me recordaba que sería mi último año en la veintena. Parece que se le tiene adoración, pero para mí no ha sido más especial que otras edades. La celebración de los 29 fue por todo lo alto. Con tanta insistencia pensé que cumplir 30 sería una hecatombe o una juerga sin fin y en realidad ni una cosa ni otra. Fue pausada, relajada, pero tres veces celebrada con la familia y los amigos, (y con tres pasteles) así que maravilloso. Y de momento, la vida a los 30 es genial.

pastel de celebración con laBanda y parte del Averno,
cuando aún me faltaban unos cuatro días para seguir disfrutando de los 29


pastel de celebración con la familia política
cuando aún me faltaban dos días para disfrutar de los 29

pastel de celebración (¡al loro!, hecho por mi hermana)
con mi familia el día antes de dejar la veintena para siempre


¡GRACIAS A TODOS LOS QUE LO CELEBRASTEIS
CONMIGO DE UNA MANERA U OTRA!

domingo, 31 de julio de 2011

Feliz No Cumpleaños, ¡sin parar!

Difícilmente podrás reunir a todas las personas que quieres el día de tu cumpleaños: entre familiares, amigos, compañeros y demás, se hace difícil. Si la mayoría está de vacaciones, ni os cuento. Así que generalmente siempre celebro el mío con antelación, aunque esto de festejar sin que la fecha haya llegado me provoca algún que otro escalofrío, pero lo de este año está superando todos los récords.
Desde el pasado miércoles cada día lo he estado conmemorando, recibiendo tartas, regalos y buenos deseos. ¡Genial!

Tanta celebración de un cumpleaños que ni siquiera ha llegado me ha recordado a la escena de la merienda de la película Alicia en el País de las Maravillas, me refiero a la adaptación de Disney. Creo que esta escena es una mezcla de la loca merienda del primer volumen del libro y el concepto de no-cumpleaños que diría aparece mencionado en el segundo volumen. Ahora no lo aseguraría, pero creo que es así.
En todo caso, cuando vi por primera vez la peli de pequeñita, me encantó este momento. Nos leemos después del cumpleaños de verdad...


jueves, 16 de junio de 2011

Bernie Gunther, mon amour

Mi contacto con la novela negra había sido visual, superficial e intermitente por la biblioteca de mi santa madre que tenía un gran número de casos de los detectives Maigret y Wallander, entre otros. Era una lectora joven, sobradilla, y la novela negra la asociaba a agradables ancianitas invitando a sus amigas a tomar te (previamente envenenado). Lo más cerca que estuve del género fue con las series de novelas de asesinos, también en serie. Recuerdo vívidamente el poso que me dejó la lectura de El dragón rojo de Thomas Harris a la tierna edad de 13 años, y que desde entonces asocio a mi miedo a que entre un asesino en casa mientras duermo.


Pero hace tres años conocí a mi biblio-maestra jedi particular (Clara, et trobo molt a faltar!!!) y me entrenó en el poder de la fuerza negra y criminal haciendo la compra novelesca de la biblioteca. Un abanico de opciones se desplegaba ante mí, pero al carecer de conocimientos y experiencia previos no sabía por dónde empezar. Así que empecé a toquetear, olfatear y reflexionar esperando que una luz me guiara a la hora de efectuar mi elección. Siempre es importante saber elegir un libro, pero más si es una lectura que hará de puente entre el lector y un género literario. Una mala elección puede que te aleje para siempre del género o aún peor, que escojas la bazofia y te guste. Un elemento de presión añadido era que acababa de integrarme en laBanda y sus dos miembros (el Jefe y el De En Medio) son bastante entendidos en lo negro y criminal, y yo quería encajar, para que nos vamos a engañar.


Mi biblio-maestra jedi acudió al rescate presentándome a Bernie Gunther cuando supo de mi interés por los hombres tocados con sombreros (pero con clase, no los borsalinos de colores que llevan los personajillos cool actuales; si son Panamá puede que pierda la cabeza) y por la Segunda Guerra Mundial en general y los nazis en particular. Como no podía ser de otra forma, mi celestina acertó y un año después de nuestro primer encuentro sigo ebria de amor por el detective alemán.


Todo empezó en Berlín, el verano pasado. De día, visitaba la ciudad junto con mi familia política, pero al acabar la jornada turística empezaba mi adulterio con el detective, que me llevaba por el Berlín negro del 36, repleto de violetas de marzo, y donde por arte de magia se me aclaraba y ondulaba el pelo y los labios se me teñían de un rojo más bien subidito. Quizá es un cliché muy manido, pero a la par bien construido. ¿Será porque el padre del detective Gunther, Philip Kerr, es admirador declarado de su tocayo Marlowe? Que los entendidos me iluminen.


La serie Berlin Noir (quizá lo correcto sería llamarla trilogía, puesto que sólo las tres primeras novelas son conocidas así) sigue a rajatabla las características básicas del género, quizá al ser primeriza por eso me gustó tanto, aunque lectores mucho más experimentados que yo alaban su calidad literaria. Otro ingrediente que me apasiona es la mezcla de ficción y elementos/personajes/hechos históricos relacionados con la Segunda Guerra Mundial y el nazismo. Qué maravilla codearse con los malos malísimos Heydrich, Mengele o el propio Hitler, en la misma Alemania, con los ruskis en Ucrania o tras los nazis huidos a Sudamérica...

Las siete paradas del trayecto son Violetas de marzo, Pálido criminal, Réquiem alemán, Unos por otros, Una llama misteriosa, Si los muertos no resucitan (ganadora del III Premio Internacional de Novela Negra) y Gris de Campaña.


Mi obsesión por el detective Gunther es tan visceral, a ratos un pelín obscena, que no he podido, ni he querido, deternerme hasta acabar con la última gota de su esencia y hace poquito finalicé con la última entrega de la serie. 7 novelas, leídas de cabo a rabo, a conciencia y que me han hecho disfrutar como hacía mucho tiempo que no lo conseguía otra lectura.

Bernie, mon amour, ¿cuándo volverás a por mí?

martes, 31 de mayo de 2011

Indignados


Hace una semana me pasé por la Plaça de Catalunya y anduve por allí un buen rato, he leído en diferentes medios sobre el tema, he hablado con personas que estaban a favor, en contra, de las que están de vuelta de todo, pero aún no he sacado el agua clara. No sé muy bien qué pensar.
En general soy más de las acciones directas para resolver o cambiar pequeñas situaciones, cambiar el sistema lo veo un poco utópico... quizá sea mi pesimismo innato o mi cinismo adquirido los que me llevan a pensar que será nuestra plaza, pero los poderosos seguirán controlándonos desde las alturas, como en la última foto hice...

miércoles, 18 de mayo de 2011

Tesoro escondido

En la biblioteca a menudo me encuentro objetos que se han quedado olvidados. Algunos son pequeños tesoros y otros son un enigma para los bibliotecarios por la singularidad que radica en el hecho de perder un determinado objeto. Por ejemplo, perder un cochechito de bebé se me hace raro. ¿No notó su legítimo dueño que salía con el bebé en brazos en lugar de transportarlo cómodamente en el carrito? Igualmente a perder una muleta o un zapato. Son de aquellas cosas que se hacen notar.

En estos casos, procedemos como cualquier otra administración pública: seguimos el protocolo de objetos perdidos. Primero los alojamos en un armario y quedan anotados en nuestro excel y pasado un tiempo los depositamos en la oficina del ayuntamiento encargada de estos menesteres (¡cómo me gustaría pasar dos días en dicha oficina!). Pero hay algunas cosas que por su singularidad podemos identificar al propietario y intentar ponernos en contacto con él para que recupere su bien. Y no hace tanto recuperé un objeto muy singular...

Me encontraba ordenando la sección de pequeños lectores (0-3 años) del área infantil, cuando detecté un librito pequeño sin tejuelo ni código de barras. Todas las biblio alarmas se encendieron y cuando ya pensaba que tenía una nueva adquisición para la biblioteca me di cuenta que no era un libro sino un cuaderno. Lo abrí y ojeé su contenido. Y en el contenido residía la singularidad que me permitió identificar a su propietaria, una ilustradora que hacía unas pocas semanas había pasado por la biblioteca.


Es bonito, ¿verdad? Si os fijáis en las ilustraciones, ¿sabríais identificar a la ilustradora?

Si no podéis, más abajo os revelo su identidad...

Aún no sé cómo resistí a la tentación de quedarme el cuaderno con esbozos para futuras ilustraciones, retratos de escenas cotidianas y demás joyitas, pero sólo con pensar que pierdo alguno de mis cuadernos con anécdotas y tonterías, me dí cuenta que no podía quedármelo. Así que contacté con la ilustradora y su cuaderno ya está viajando por el espacio postal. Espero que le llegue pronto y que mi biblio karma me recompense con el descubrimiento de otro tesoro que esta vez pueda atesorar...

martes, 10 de mayo de 2011

Cierro paréntesis

Sin darme cuenta han pasado casi cuatro meses desde la última vez que publiqué en el blog. Aún me sorprende cómo cambian las costumbres de uno cuando alteras un pequeño elemento de tu rutina. En mi caso, la mudanza ha sido definitiva para que se produjera este parón no previsto. En ese aspecto sí soy muy cuadriculada, me acostumbro a llevar a cabo las cosas en un orden establecido y me cuesta muchísimo alterarlo. Y en cuanto dejo de hacer algo, lo demás cae en barrena.

Por lo pronto nuestro nuevo piso ya tiene nombre: la Fortaleza de Hielo, adaptación de la mítica guarida de Superman, la Fortaleza de la Soledad. La referencia te viene a la cabeza rápidamente con sólo contemplar el edificio donde vivimos, de clara inspiración arquitectónica kriptoniana (para recibir la referencia también hay que haber leído unos cuantos cómics...). Algunos podréis pensar que soy muy friki por decir estas cosas, pero después de soltarlo en una comida con la familia del Abogado, ya me da igual. Pero es que el edificio es kriptoniano al 100%, con esa utilización de vigas llenas de aristas para la fachada que parecen estalactitas. Para no ahondar más en el tema kriptoniano sólo voy a dar testimonio gráfico y seguro que me daréis la razón...

El cambio de domicilio ha sido largo y penoso, aunque la mudanza sólo duró unos cinco días completos, hemos tardado estos cuatro meses en pensar, comprar, montar todos los muebles; abrir las cajas, pensar dónde colocar ahora los libros, los cacharros de cocina, la ropa, las cosas del baño...; qué lámparas, mesa y sillas para el comedor... y un sinfín de cosas más. Eso por lo que se refiere al interior del piso. Adaptarse al exterior también nos ha llevado su tiempecito: localizar la pescadería, frutería, carnicería, supermercado que nos guste más, probar varias rutas para llegar lo más rápido posible al trabajo; pasear por el barrio buscando sitios curiosos, con "sabor", con historia; ¿tendremos librería? de momento no hemos visto ninguna pero sí una tienda de cómics (¡bien!)...

Hoy hemos abierto la última caja (¡por fin!) y en las próximas semanas empezará el baile de invitaciones para inaugurar el piso como debe ser, con la familia y los amigos. Ya estoy pensando los menús y cómo distribuiré a la gente en tan poco espacio y como el nivel de estrés iba en aumento, el balcón y su decoración floral es ahora mi gran reto...

miércoles, 5 de enero de 2011

Esto de los Reyes, ¿cómo funciona?

Hoy es un día mágico, es la Noche de Reyes y todos los que crean que se han portado bien y quieran recibir regalos deberán irse a la cama pronto. No sin antes haber dejado la zapatilla, algo de agua para los camellos y turrón y polvorones para los Reyes.
Aunque Papá Noel lleva unos años sacando la cabeza con más fuerza en nuestra tradición navideña, tengo la sensación que la noche de los Reyes es más mágica, que conserva más la ilusión aunque es una percepción mía sin ningún tipo de fundamento empírico.

Esta mañana en la biblioteca he mantenido un intenso debate con algunos de los niños que estaban "aparcados" en la sala infantil: ¿cree usted en los Reyes Magos? Ante el clásico, "los Reyes Magos son los padres", otro niño se indignaba profundamente y de forma vehemente alegaba "cómo van a ir tus padres por las casas de todo el mundo repartiendo regalos".
Cuando se producen debates de esta magnitud en la sala infantil, los niños normalmente me piden que me posicione -no sé si como voto de calidad o por desampatar de alguna manera-, cosa que nunca hago para darle más vidilla al debate. Ante la pregunta en cuestión, he respondido que cada uno crea en lo que quiera, pero les he recomendado que hagan lo mismo que yo y que por si acaso se porten bien y dejen algo de comer y de beber, no sea que existan y pasen de largo de su casa.

Otra de las biblio-anécdotas de la sala infantil relacionada con los Reyes, se ha producido por la avalancha de cartas dirigidas a sus majestades que estamos recibiendo. Desde hace años, en Navidad, el Ayuntamiento nos coloca en la sala infantil un Buzón Real donde los niños depositan sus cartas. La mayoría saben cómo funciona el tema, pero muchos de los niños que vienen a la biblioteca no han oído hablar de los Reyes en su vida como unos pequeños magrebíes del barrio.
El lunes, unos de ellos subió hasta la sala corriendo (casi le salía el hígado por la boca, al pobre) con la misión de escribir la carta y echarla al buzón, pero antes vino hasta mi mesa y me preguntó: "Esto de los Reyes, ¿cómo funciona? Te lo pregunto porque el año pasado escribí la carta con todos los regalos que quería, la eché al buzón, pero luego no recibí nada. Y no sé si es que escribí mal la dirección o qué pasó."

Me quedé un poco desconcertada porque la mayoría de niños han oído campanas repicar y no supe bien qué hacer. Al final se lo expliqué un poco por encima, pero le dije que se lo preguntara a sus padres que seguramente sabrían mejor cómo funcionaba el tema. Mejor no meterme en según qué lodos, pero me hizo ilusión que todavía existieran niños tan tan inocentes.

En todo caso, ¡Feliz Noche de Reyes! y si podéis ver la Cabalgata de Santillana del Mar, no os la perdáis porque es mágica. Yo la pude contemplar en directo hace años y todavía me acuerdo...
Y vosotros, ¿habéis sido buenos o recibiréis carbón?

lunes, 3 de enero de 2011

Una Navidad diferente

Esta Navidad ha sido atípica porque no la hemos pasado en casa (ni en la antigua ni en la nueva). Mi cuñada invitó a toda la familia a pasar las fiestas con la suya en Suiza, su país de origen y aceptamos claro. Aunque teníamos el piso con la mudanza recién hecha, es decir, en un mar de cajas, nos apeteció un descanso helvético.

Finalmente descansamos poco, ya que nos dedicamos a visitar todo lo que pudimos, a comer demasiado (queso, chocolate, queso, chocolate...), a pasar mucho frío y a suspirar cada dos segundos por los paisajes nevados. Allá donde íbamos se oían nuestros suspiros de mediterráneos que no ven la nieve ni de casualidad, pero es que es tan bonito. Para muestra, una instantánea que tomé desde el funicular que nos subió al Pilatus.

Ya de regreso, las cajas seguían esperándonos (qué lástima que ningún duendecillo viniera a deshacer y ordenar su contenido), las compras en IKEA también y lo peor, montar los muebles. Imposible demorarlo porque las noches que puedo dormir encima de un colchón en el suelo son limitados. Pero con paciencia todo se acaba y aunque no hemos llegado a esa etapa, las reuniones con la familia y los amigos ayudan. Sobretodo aquellas en las que nos regalan cosas para nuestro nuevo hogar: como mi hermana y mi cuñado que con un reproductor de DVD nos han liberado de ver películas en el portátil, y mi suegra que nos ha preparado una cesta (mejor una caja preciosa) con cantidad de delicatessen (¡qué bien nos conoce!)

Al estar fuera, no he montado ni el árbol ni el pesebre de playmobil ni he colocado ningún tipo de decoración navideña (a parte de estar la mayoría en cajas), pero no me he podido resistir a elaborar este centro de mesa con la maravillosa vela que también me regaló mi suegra. ¿No es genial?

Así de gusto volver de las vacaciones...

viernes, 24 de diciembre de 2010

Esto se acaba y empieza algo nuevo

No me podía venir más a cuento esta mudanza con el final y el principio del año. Hoy es mi último día en mi piso y los dos días anteriores los hemos pasado viviendo en él, sin un solo mueble exceptuando dos sillas, dos platos, dos cubiertos de cada, el colchón, la tele y el gato. El ambiente era frío, triste y angustioso. Cada palabra y maullido retumbaba por toda la casa acentuando la proximidad del final.
Retrasos en el alta de los suministros del piso nuevo nos han obligado a vivir en plan aventura en la que hasta ahora ha sido una de las casas más especiales de mi vida porque es la única que he sentido mía y sólo mía.

En unas horas entregaré las llaves, cerraré la puerta y me dirigiré al piso nuevo, que huele a eso, a nuevo, porque seremos los primeros en vivir en él. Faltan muebles por comprar (y claro, por montar), tenemos cajas por deshacer y su contenido por ordenar, ni siquiera tenemos el aplique del baño, así que seguiremos la aventura hasta que todo haya vuelto a su cauce de una forma diferente.

Siento unas mariposillas en el estómago de la emoción (o a lo mejor es la úlcera), tengo mucha ilusión por escoger los detalles que decorarán el ambiente, las plantas que colocaré en el balcón y cómo distribuiré los libros. Me queda mucho trabajo por delante, pero de momento me voy unos días a Suiza (si las huelgas o la meteorología no lo impiden), a descansar y a saltar sobre la nieve.

ilustración de Liniers

¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!

lunes, 29 de noviembre de 2010

ES UNA METAFORAAAAA

Me encanta el cine y quizá sea por eso que necesito unas condiciones específicas para poder disfrutarlo. Bueno, al principio eran unas condiciones específicas, ahora son unas pedazo de manías de “mírame y no me toques”: que no haya mucha gente en la sala (diez personas empiezan a ser muchas), que nadie haga el más mínimo ruido (tragar saliva ya es molesto), es imperativo no hablar ni tan siquiera en los anuncios, que la película sea en versión original para no reconocer a todos los actores de doblaje...
Así que con el listón tan alto os podréis imaginar que voy poco al cine, exclusivamente en sesión matinal o entre semana por la tarde y cuando la película ya hace un tiempo que se ha estrenado.

Los festivales son el único evento en que rebajo un poco mis manías y claudico ante la situación. Bueno, y en la Filmoteca también y en los estrenos de Harry Potter, que voy a lo kamikaze la noche del estreno y en versión doblada (Vade Retro, Satanás). Como soy tan poco agradecida para ir en compañía al cine, sólo me acompaña elAbogado y de tanto en tanto algún amigo cinéfilo chalado como yo que sea habitual de la cinematografía vietnamito-camboyana o similares.

Entre mis géneros favoritos está el de terror: el Festival de Sitges es un habitual en mi calendario, pero también lo es el Festival de las Cotxeres de Sants, otro nivel entre los festivales cinéfilos. Y digo otro nivel porque si no habéis ido nunca no sabéis lo que es un festival de terror de los auténticos.
La primera vez que fui, hará ya unos cinco o seis años, acompañé a un amigo al que habían dejado colgado y que me dio mucha lástima (para qué nos vamos a engañar) y con la excusa del binomio festival + terror, me ganó. Cuál fue mi sorpresa, al leer el programa de la sala vídeo, que lo que íbamos a visionar era cine del malo, pero del muy malo. Toda una maratón de películas de terror de serie z, horrorosas.
No me podía creer que aquello se fuera a llenar, pero se llenó. Después llego la segunda sorpresa cuando justo antes de empezar la película, la gente comenzó a proferir insultos y demás galanterías a grito pelado al pobre chaval que ponía las cintas. Pero la cosa no se quedó ahí, fue imposible escuchar ni un sólo diálogo del largometraje porque el público no paraba de gritar a la película en general. Ahí fue cuando me dí cuenta de que el Festival de Terror de Les Cotxeres de Sants no va de ir a ver pelis sino de ir a gritar el mejor improperio a las pelis que te ponen.


La primera media hora flipé, pero en el minuto 31 ya estaba chillando con toda la manada. No sé si serán las películas o el ambiente pero no te puedes resistir. Y ya me podéis imaginar chillando frases de lo peor al que había hecho la peli, al que la había pensado y al que había puesto la pasta, a los horrorosos actores, a los personajes y a todo el que pasara por ahí.
Entre los gritos más clásicos están: “¡No lo entiendoooo!” a lo que un segundo te responde “Es una metáforaaaaa!”; o en cuanto sale una mujer todo el mundo grita “!Fóllatelaaaaa!” (sin ningún sentido, es automático); cuando un niño presencia algo horrible la consigna a vociferar es “!Traaaumaaaa, traaaaaumaaaaa!”; y así hasta el fin.
Cada película genera sus propios gritos, por ejemplo uno de los mejores lo escuché en la peli sorpresa de este año Commando (no hase falta que tú dises nada más) que se profirió a Schwarzzeneger advirtiéndole sobre el villano de la historia, con un asombroso parecido a Freddy Mercury: “!Cuidado, que tiene el SIDA!

En las convocatorias siguientes no encontré a nadie que quisiera acompañarme (es lo malo de ser la más friki de un grupo de amigos), pero este año me acompañó el Gran Bravecoast que también flipó y luego se desmadró, como pasa con todos los novatillos. Y tan bien lo pasamos, que sembramos la semilla de la envidia entre algunos biblio-compañeros (uno de los gremios más frikis, sino el que más). Os recomiendo que leáis su crónica sobre el maratón (aunque os haya parecido un acto deleznable al que no asistiríais nunca) porque es genial y que os paséis por el blog del festival.

Y para muestra de la genialidad que impregna todo lo que rodea a este festival, un vídeo-promo absolutamente maravilloso y que explica toda la esencia de las Cotxeras.


jueves, 18 de noviembre de 2010

2 ranas y 1 gato se mudan de charca

Era consciente que hacía mucho, mucho tiempo que no aparecía por aquí. Iba leyendo otros blogs, pero actualizar el mío ha sido misión imposible. Los quehaceres cotidianos han podido conmigo: intentar finalizar el trabajo final del máster (cada día lo veo más cerca, pero aún falta), estudiar para las oposiciones, las clases de patchwork y los consiguientes deberes también me están ocupando muchas horas (las aventuras patchworkeras, aquí), en el trabajo tenemos un ajetreo nunca visto antes de la crisis y encima ahora tengo que sobrevivir a mi sexta mudanza.

Esto último es lo que más me está trayendo de cabeza y eso que ni tan siquiera hemos empezado, pero elAbogado pronunció ayer la temida frase: "Quizá podrías aprovechar y hacer limpieza deshaciéndote de algunos libros". ¡Horror! Cómo podría deshacerme de algunos libros si cuando me trasladé al piso actual, con lo pequeñito que es, ya tuve que dejar cajas en casa de mis padres..., pero es que nosotros no nos mudamos por convicción sino por oportunidad.

Me explico: el piso en el que vivimos ahora, fue primero mi piso. Un estudio pequeñito, gélido en invierno y sofocante en verano, donde ni tan siquiera cabe una nevera de más de 90 centímetros de alto, que tienes que decorarlo teniendo en cuenta los metros cúbicos de lo pequeño que es, en un edificio a lo terraza de Melrose Place, que se convirtió en un hogar dulce hogar en el que sólo comía pistachos porque pasaba una mala época personal, luego ya fue nuestro piso, con gato, peces y hámster, después conocimos a una de las vecinas que se ha convertido en una madre para nosotros...
Y el piso ha pasado a habitar nuestro corazón, por tanto nunca nos mudaríamos de no habernos tocado un piso protegido igual de pequeño, muchísimo más (pero mucho más) lejos de nuestros trabajos, amigos y barrio, pero con un alquiler de risa.

Así que nos vamos porque toca, aun doliéndonos mucho el corazón. ¿Qué tendrán los lugares que habitamos que te acabas encariñando tanto? ¿Será que los humanizamos con las experiencias que vives en ellos?

La cuestión es que debemos irnos igual que las 999 hermanas ranas de Ken Kimura. Qué bien traído está el ejemplo, aunque las hermanas ranas deban abandonar su charca porque ya no caben en ella y emprenden un arriesgado viaje a través del territorio donde multitud de amenazas ponen en peligro su supervivencia.
Espero que mi mudanza no sea tan animada...

La historia de Ken Kimura es sencilla y simpática, está muy bien hilvanada y conjugada con las ilustraciones de Yasunari Murakami el libro gana por las diferentes lecturas que puede hacer el lector. Mi parte favorita del libro son las dos primeras ilustraciones que permiten sin tener que descodificar el texto, hacernos una idea de por qué las 999 hermanas ranas se tienen que mudar de charca. ¡Genial! Cuantas más lecturas, más gana el libro.

Nosotros aún estamos haciéndonos a la idea. Lo máximo que hemos es hecho es empezar a recolectar cajas de cartón y jugar un poquito con el planificador de espacios de IKEA, y lo que nos queda... Aunque me provoque mucha tristeza dejar mi piso, también me hace ilusión empezar otra etapa, como empezar una nueva lectura, pensar cómo decorarlo, qué plantas podrán encajar en el balcón, acordarme de no meter los dedos en el triturador de basuras, no olvidar el código de entrada y entrenar el mejor y más rápido trayecto hasta el trabajo.

Como dejar un libro ya leído, pero que te ha llenado el alma, y empezar uno nuevo...

KIMURA, Ken ; MARUKAMI, Yasunari. 999 hermanas ranas se mudan de charca. Barbara Fiore, 2010.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Popurrí de series (2)

Y sigo con las series porque desde que empecé a estudiar bajo presión de contrarreloj para las próximas oposiciones (próximas, no porque sean las siguientes sino porque faltan sólo 7 días para el examen) no soy capaz de concentrarme con ningún texto. El temario administrativo me está friendo las neuronas y el poco sentido común que me quedaba...

A lo que iba, estaba yo una tarde en la sala infantil cuando uno de mis compañeros, que pasaba por allí y no tenía intención de quedarse mucho tiempo por si le atacaba un tierno infante, me ve haciendo los diferentes procesos técnicos (muy muy técnicos, vamos) para poner disponible una colección en deuvedés del mítico Barrio Sésamo, cuando me pregunta si me he enterado de la bronca que ha montado Katy Perry (famosa cantante, si no la conocéis es que no tenéis contacto con niñ@s y adolescentes diariamente) porque los de Sesame Street han censurado su aparición especial en dicho programa. Le digo que no, que el incidente me es totalmente ajeno y espero a que lleguen los biblio-prepúberes habituales para que me pongan al corriente (nada, se ve que a los programadores del show les pareció una chica demasiado sexy para los niñ@s, menuda memez).

Y como los biblio-prepúberes habituales nunca se quedan satisfechos contándome sólo la anécdota sino que siempre necesitan enseñarme las pruebas, empezaron buscando los vídeos del incidente en cuestión y acabamos con los vídeos de las series que veía yo de pequeña. Y de la mezcolanza entre Barrio Sésamo y las series actuales surgieron estos vídeos geniales paródicos que hacen los de Sesame Street de grandes éxitos televisivos.

Para empezar, ¿qué tal una ración de rimas?


Como segundo plato, el auténtico barro.


Y la guinda del pastel es el verdadero aspecto de Liz Lemon...


Hay muchísimas más parodias, y no sólo de series, pero os enlazaré algunas otras que me han hecho reír mucho mucho mucho como la de Mad Men, la de Anatomía de Grey o la de Caso abierto o la de la canción de Shaft o los Muppets en plan Bohemian Rapsody...

¡Qué artistazos los guionistas y los que manejan los muñecos!

jueves, 23 de septiembre de 2010

Mi particular Arca de Noé "lijera" (I)

En esta época del año los niños ya han vuelto al colegio (los que sois padres por supuesto que ya lo sabréis, claro) y como tan sólo llevan unos días tampoco es que estén enfrascados en muchos deberes. Aunque los más pequeños se encuentran atareados decidiendo qué mascota será la elegida para la clase. Los que ya han votado llevan varios días viniendo a la sala infantil pidiéndome cuentos sobre los animales escogidos democráticamente. Así que poco a poco, estoy recopilando (y haciendo unos esfuerzos de memoria para recordar mis cuentos favoritos) una serie de títulos que conforman una nada desdeñable Arca de Noé "lijera".
Con los animales más demandados estoy confeccionando un particular ranking (aviso: ya no quedan libros de tortugas ni de águilas en la biblioteca):

De entre los cuentos de tortugas,
uno de mis favoritos es
Arturo y Clementina de Adela Turin.

Entre todos los leones me decanto por Un león en París de Beatrice Alemagna
y Mi león de Mandana Sadat.

Por primera vez desde que trabajo en esta biblioteca, una clase ha escogido a los cocodrilos como mascota, aunque el año pasado hubo una clase que escogió los tiburones... Mis cocodrilos preferidos son Me comería un niño de Sylvane Donnio y Els cocodrils no es raspallen les dents de Colin Fancy.

Los caracoles son animales muy frecuentes como mascotas de clase y cada año a finales de septiembre ya no queda nada de nada sobre ellos. Entre todos, incluso los que habitan a puñados en la terraza de la sala infantil, me quedo con La casa más grande del mundo de Leo Lionni y Libro caracol de Javier Sáez Castán.

Los gatos tampoco son muy habituales (supongo que es porque no caen muy simpáticos, craso error), pero parece que las clases se animan con ellos. Mis felinos preferidos son El ratón del Señor Maxwell y cualquier cuento del Gato de Satoshi Kitamura.

Así, poco a poco, y gracias a este tipo de consultas, llega un punto en que puedes recordar un cuento o dos de muchos animales, aunque debido a las mejoras en la catalogación de los cuentos infantiles, en nuestro catálogo se pueden localizar muchos cuentos relacionados con animales concretos. Un gran alivio para mis biblio-compañeros no especialistas en LIJ que se vuelven locos cuando un niño les pregunta "¿Tienes cuentos de moscas?"...