domingo, 13 de julio de 2008

Sofrito cotidiano

El ritmo diario, las prisas, las consecuciones rutinarias y la cotidianidad hacen que a veces no valoremos la mayoría de nuestros actos. Porque son cotidianos quizá no los valoramos como deberíamos. Hemos repetido esos actos tantas veces que ya no desprenden la magia del primer día. Todos los días sale y se pone el sol, pero el amanecer o atardecer que podemos pararnos y contemplarlo nos quedamos maravillados.

Una sensación parecida experimenté el otro día mientras me cocinaba un arroz para comer. Estaba haciendo el sofrito, com cualquier otro sofrito, el mismo que he cocinado cientos de veces, pero no sé por qué cuando lo probé me quedé maravillada. Me sabía mal hasta añadir el arroz. Se podía comer tal cual. Bajaré un poco más el fuego y dejaré que se cocine un poco más, pensé. Y vuelta a probar, y otra degustación, y la última, pero una más. Me lo habría comido entero, pero el arroz estaba esperando y no era cuestión de hacerle un feo. Un sofrito com cualquier otro, un sofrito cotidiano me emocionó como la mejor puesta de sol.

3 comentarios:

Cristina dijo...

Me ha encantado esta entrada :)

bravecoast dijo...

jojo pero amiga :D el sofrito es que esta BUENISIMO, yo mismo habre degustado miles de veces un poquito de sofrito de paella con pan, o la salsa de tomate con carne picada que se hace antes de poner la pasta, o cosas asi... que quieres que te diga, pues tomatelo como un premio por cocinar, degustar los sofritos :)

Pilar dijo...

mmm... así de simple...