jueves, 20 de diciembre de 2007

La elegancia del erizo, de Muriel Barbery

La elegancia del erizo de Muriel Barbery es otro de los títulos que recientemente he comprado que abogan por la función de salvadora que ejerce la lectura en las personas. En este caso, sus dos personajes protagonistas se alimentan de la lectura y de la cultura para intentar sobrevivir en un entorno donde son percibidos como extraños, y hasta a veces, invisibles.

El escenario se halla en el número 7 de la calle Grenelle, en una zona más que pudiente de París. Allí conviven vecinos de alta gama entre los que se encuentran un crítico gastronómico, familias burguesas, altos funcionarios del Estado, hijos de papá muy muy pijos... y una portera.


Las protagonistas son la portera y la hija pequeña de un funcionario muy importante del gobierno francés. La primera vive escondida bajo el disfraz de portera iletrada, viuda, que vive con su gato y que no se mueve del sofá, salvo para regar las plantas y barrer la entrada de la finca. La segunda está entrando en la adolescencia y su familia no la comprende. Su hermana mayor vive únicamente pensando en la moda y en encontrar un buen marido mientras filosofa sobre la literatura en la época medieval; su madre se gasta una fortuna en la consulta del psicoanalista para olvidar sus frustraciones y su padre las ignora a las tres por completo.


Renée, la portera, pasa sus días complaciendo su hambre cultural leyendo y visitando asíduamente las bibliotecas; hablando con su amiga que limpia en las casas de sus vecinos y reflexionando sobre la vida y su belleza. Representa el papel de portera inculta para protegerse, ya que cree que una portera culta y educada puede parecer muy extraño para los ricos. Paloma, la adolescente, está asqueada con su vida. Sabe que cualquiera que la oiga pensará "pobre niña rica", pero ella realmente se siente mal por saberse incomprendida por su familia. Quisiera poder hablar con alguien de sus inquietudes. Está decidida a suicidarse y a quemar el piso de su familia para darles un escarmiento. La llegada de un nuevo inquilino, el señor Ozu, un hombre japonés de basta cultura hará que se perciban la una a la otra y las ayude a buscar la belleza en las pequeñas cosas.


Reconforta pasar las páginas y reflexionar sobre los pensamientos y vicisitudes de las dos protagonistas. Está salpicada con aportaciones filosóficas, y es que la autora es profesora de filosofía, que obligan a una lectura ponderada, tranquila; también la cultura japonesa es esencial en la trama, tanto por la actitud zen del señor Ozu, como el gusto de Paloma por los haikus y de Renée por las películas del director japonés Yasujiro Ozu. La elegancia del erizo es una novela deliciosa, suave y dulce, para mí ha sido como beberme una buena taza de leche caliente con miel antes de ir a dormir.

BARBERY, Muriel. La elegancia del erizo. Barcelona: Seix Barral, 2007. 368 pág. ISBN 978-84-322-2821.

També editat en català per Grup 62.

2 comentarios:

Berta Bocado dijo...

aquest també l'afegiré a la llista de reis.
bona sort i bon any...
una abraçada
berta

haurem de fer dinar de principi de curs no? amb en Jim botó?
jo el 31 ja treballo, si vols que parlem...

Javier Cercas Rueda dijo...

LA ELEGANCIA DEL ERIZO

La decena de familias ricas que viven en el nº 7 de la calle Grenelle de París piensan que Renée es una portera más. Eso es lo que ella pretende y no deja traslucir en sus palabras y actos visibles nada que lo desmienta. En la realidad es una autodidacta con muchas lecturas encima y con gustos culturales bien cultivados. Sólo un nuevo inquilino japonés sabrá traspasar la protección que Renée ha creado en torno a si. Paloma tiene doce años, vive en ese edificio y también tiene un secreto: es superinteligente.

La niña va suicidarse en unos meses tras prender fuego a su casa y vamos conociendo un diario donde recoge sus ideas y sus reflexiones sobre la vida. En capítulos alternos, Renée va contando cómo ha llegado a ser como es. A partir de un momento, la novela se centra en el presente, en la relación que establecen las dos protagonistas hasta el desenlace final.

La idea es original pero la novela resulta artificiosa y desesperanzada. La imagen de la portera con un cazo en la mano removiendo un guiso y con un tomo de Husserl en la otra resultaría simpática si no fuera inverosímil. Renée es un personaje difícil de creer, por muy de acuerdo que se esté en que no hay que dejarse guiar por las apariencias para juzgar a las personas. La inteligencia de Paloma parece residir en su escepticismo cínico y existencialista. Resulta desde el primer momento una listilla sabihonda que desprecia y critica cuanto la rodea, especialmente a su familia. La gran aportación de su testamento intelectual es que “la vida no tiene sentido”. Todo lo demás son corolarios. La autora quiere denunciar el elitismo cultural francés y ha relacionado para ello a dos solitarios difíciles de digerir para el lector.

Esta supuesta “revelación literaria” francesa (Bayeux, 1969) resulta pesada y de poco interés. El estilo es sobrecargado y a veces farragoso (a la altura de la gran sabiduría de las protagonistas). Su éxito (más de 800.000 ejemplares vendidos) parece debido a una tarea paciente y eficaz de encuentros múltiples con lectores. El marketing directo se demuestra más útil para vender que la literatura. Y es más fácil de hacer.