viernes, 9 de noviembre de 2007

Presentación de Helpers y de El libro azul

Ayer después de un día largo y duro en el trabajo me dispuse a coger el metro para acercarme a una presentación de libros. Esos curiosos actos donde los asistentes se conocen desde hace años, la mayoría se han visto en el trabajo hace cinco minutos, se dan palmaditas en la espalda de autocomplacencia y se despiden hasta el siguiente catering.

Normalmente no iría a uno de estos actos. Estaría fuera de lugar. No podría darle palmaditas a nadie, yo. Per las presentaciones que organiza la editorial Bambú son diferentes. Se celebra el nacimiento de un nuevo libro, después de un embarazo largo y un parto difícil. Los asistentes felicitan a los padres, a los padrinos y a los abuelos. Hablan sobre cómo creen que será la vida de este recién nacido y dejando volar la imaginación hacia posibles escenas exitosas, ven claramente que la vida es muy dura y para un libro recién nacido más.

Ayer nos reunieron en la Biblioteca de Catalunya (1r acierto), la charla principal de la presentación corrió a cargo de Teresa Duran (2º acierto) que nos habló de su experiencia lectora y como usuaria de bibliotecas desde bien pequeña, de forma muy entretenida, tanto que pareció que nos estaba contando un cuento antes de irnos a dormir; y seguidamente los autores no se colgaron del micro y se limitaron a explicar cómo había surgido la idea de escribir sus respectivas obras y el largo periplo de editoriales que habían recorrido hasta dar con la que apostase por ellos, agradeciendo a todos los que venían a felicitarles y acompañarles. Todo muy recogido, familiar y nada pomposo (3r acierto).

Pero no nos engañemos el 50% del éxito de cualquier presentación social se debe a su catering. Un refrigerio roñoso no da nada bueno que pensar, pero Bambú se esmeró y el marco era ideal. En los balcones de la biblioteca la noche no era especialmente fría, con una copa de cava en la mano y camareros con olivas, croquetas, higos, jamón y queso ibérico... sencillo pero buenísimo. Y lo mejor, un niño, hijo de alguien (alguien que se camuflaba) con la boca llena de patatas fritas que cual operación militar, recorría las mesas de incógnito llenándose las manos con más munición patatera para llevarse a la boca. Menudo empacho debió coger por la noche, el pobre.

Y con dos copitas de cava en el cuerpo, hablando con los autores presentes (Àngel Burgas, Joan de Déu Prats, Miquel Ribas, Lluís Prats...), editores, libreros y bibliotecarias sobre el mundo de la literatura infantil, los premios literarios, la censura y lo jodido que está el mercado editorial, la Biblioteca apagó las luces de los focos y lo interpretamos como, hora de irse.

Pero lo mejor de todo: regresar a casa con todos los nuevos conocimientos transmitidos, los contactos conocidos y los libros recibidos como obsequio, pensando que ha valido la pena alargar un poquito más la jornada laboral para estar allí.

3 comentarios:

oriol dijo...

El nen amb la boca plena de menjar, i en busca de més menjar podria ser jo perfectament.

Anónimo dijo...

Estuve presente como invitado (y parte contratante de la primera parte) en este sencillo acto y coincido con tus comentarios. Muy bien escritos, por cierto. LLuis

Miguel dijo...

me encanta la vida ilustrada que llevas!
besosss