sábado, 14 de junio de 2008

La camarera

Ayer pude ver la película La camarera, obra póstuma de la polifácetica Adriene Shelly. Ya hace tiempo, cuando me enteré de su rodaje, supe que tarde o temprano la acabaría viendo porque la característica principal de su personaje protagonista es su gran habilidad para hacer tartas, los famosos pies americanos. Los que me conocéis sabéis de mi pasión por la cocina, así que yo era una espectadora segura.

Esta es una película que se ha visto "beneficiada" por la trágica historia de su guionista y directora Adrienne Shelly que fue asesinada antes de poder ver su obra estren
ada en los cines. Beneficiada porque, como bien les gusta a los mass media americanos, ¿qué hay más dulzón que un crimen cruel y sin sentido para llenar minutos de televisión y páginas de periódicos? Poco. Y si de las personas que acaban de morir siempre hablamos bien. De las creaciones de las personas que acaban de morir, que son casi sus propios hijos, ¿cómo íbamos a hablar? Pues ahí reside el beneficio. La camarera se ha visto agasajada y adulada por la crítica y el público norteamericano y aunque es una película correcta, no responde al talento y cualidades artísticas de su directora.

Jenna trabaja en Joe's Pie Shop un típico dinner americano donde su carta está compuesta casi únicamente por "pies", salados y dulces. Hasta veintisiete variedades, se nos cuenta en la película. Jenna se inventa una variedad todos los días y la mayoría de sus creaciones se inspiran en hechos que ocurren en su vida. Así uno de sus pies más novedosos es Bad Baby Pie y se basa en la desesperación que siente al enterarse que está embarazada de su odioso marido, Earl. En realidad el nombre del pie era I don't want Earl's Baby Pie, pero lo cambiaron para poder escribirlo en el menú.

Esta acidez e ironía es lo que salva a La camarera. De no ser por estos mordiscos cítricos y con un poco de cayena, temas tan manidos como la infelicidad conyugal y la soledad hundirían la película en el soponcio más profundo. Así el guión parece discurrir por dos caminos bien distintos, uno donde somos testigos de la depresión por la que atraviesa la protagonista y otro que se trenza con el primero que aporta el toque de color y diversión a una película (que podría muy bien situarse en la corriente del girl power de finales de los ochenta) que no os hará ningún daño ver una tarde lluviosa de fin de semana, ya que entretiene y puede resultar divertida, pero que tampoco marcará un antes y un después en la producción de Adrienne Shelly.

Eso sí todos los que estéis a régimen, como yo, si no tenéis una gran fuerza de voluntad, apuntárosla para cuando hayáis finalizado vuestro celibato gastronómico o entonces sí que os supondrá una auténtica tortura. Y por último os pongo la canción de la película, que sí es excepcional: una maravillosa "gastro-nana" que con sólo escuchar a Keri Russel cantarla mientras cocina me han entrado ganas de tener un bebé para cantársela también. A ver si os gusta... Y ya probaréis alguna receta de pie de la película que cocinaré bien pronto...

3 comentarios:

Cristina dijo...

Ya había oido hablar bien de esta película, pero ahora me has puesto los dientes largos de verdad. Intentaré verla.

Anónimo dijo...

Hola, yo la he visto hace poco y me parece muy buena.
Lo peor es que su marido es un celoso y la controla al maximo y lo mejor es cuando ella se da cuenta de su vida debe cambiar por el bien de su hija y el de ella.
Os animo a verla, no os defraudará.

Maedly Atardecer dijo...

Esta muy buena la pelicula me encanto la parte del pastel culpable por tener una aventura... jaja con lo de la banana lol.