viernes, 25 de septiembre de 2009

Copenhague (I)

Lo que tienen los viajes en grupo es que cada uno quiere ver una cosa y siempre hay alguien que nunca quiere ver nada, por eso cuando nos vamos de viaje con la familia de elAbogado procuro no organizarme las salidas como lo haría si sólo viajáramos él y yo. Siempre toca ceder en algún momento y quedarse con las ganas de ver algo. Así que cuando mi suegra nos comunicó que el destino más votado por todos era Copenhague, reprimí mis instintos y no realicé demasiadas lecturas, ni bucée en internet en busca de información, ni repasé las estanterías de las bibliotecas buscando novelas, guías y artículos de revista.

La única información con la que me desplacé a la capital de Dinamarca me la proporcionó mi amiga sfer que me dijo que volvió enamoradísima del país, que si por ella hubiera sido se habría quedado más, pero muchísimo más tiempo, que todo el mundo allí era amabilísimo y que todo era carísimo. Todo eran ísimos y las expectativas también.


Al bajarnos del avión nos encontramos con un cielo gris y con una lluvia de esas que ni sí ni no. Hacía fresquito, pero tampoco frío. Eso sí, en cuanto hablamos con el chófer que vino a buscarnos al aeropuerto todo fueron risas y buen rollo. El hombre tenía muchísimo interés por saber de dónde veníamos, cómo era España, si allí llovía. Le impactó bastante saber que no vivíamos todos juntos en plan doce personas en una misma casa. Creo que debía haber visto algún programa de Callejeros en Las Barranquillas.

Una vez supo todo lo que quiso sobre España, empezó a explicarnos cómo era Dinamarca. Nos aconsejó que fuéramos un día a Malmö (está a sólo 30 minutos de Copenhague) porque es un 35% más barato. A medida que la ciudad se iba viendo por las ventanillas del coche nos explicaba en qué barrio estábamos, qué era aquel edificio, nos aconsejaba qué visitas valían más la pena, cuáles menos. Fue un detallazo de transporte del aeropuerto al hotel y me confirmó que lo que me dijo sfer que todo el mundo en Copenhague era amabilísimo.

De las primeras cosas que nos explicó fue lo importante que es la bicicleta en la ciudad, que prácticamente hay tres bicicletas por persona y que en la circulación son prioritarias a los coches y a los peatones. Durante la semana que pasé allí pude comprobar la multitud de modelos de bicicleta (con carrito delante, con carrito detrás, con niños en el carrito, con perro en el carrito) y de conducirla (mientras escribes un sms, hablas por el móvil, te comes un bocadillo o te pintas los labios).

Así que el primer día, como llegamos por la tarde, nos dedicamos a pasearnos por el centro de la ciudad, realizar un primer atisbo de la arquitectura y del ambiente, no cansarnos mucho e intentar planear un poco las salidas de las siguientes jornadas.

Una de las cosas que más me llamó la atención es la cantidad de estilos arquitectónicos que se mezclan en la ciudad, e incluso a veces hasta en un mismo edificio (como ocurre con muchas iglesias y catedrales): pudimos ver casas vikingas (hay una bastante grande que antaño sirvió como almacén de cerveza), edificios góticos de la época renacentista, también vimos estilo rococó e incluso edificios muy clásicos como los palacios de Amalienborg, cuyo edificio principal se une a los diferentes pabellones por una ala más baja formando pórticos, todo el conjunto es simétrico y con gran verticalidad. Muy curioso, vamos.

Otro aspecto distintivo que me llamó la atención fueron las fachadas coloristas de los edificios, sobretodo los de Nyhavn y los de Christainsborg. Parece que se pintan para que las fachadas de las casas sean más resistentes a la intemperie. Y no sólo con pinturas se crean efectos cromáticos interesantes, la combinación de ladrillos y piedras de diferentes colores (sobretodo en tonos rojizos y pálidos que recrean la bandera danesa) o la utilización de cobre en los tejados que al oxidarse crea cardenillo y confiere ese verduzco tan característico.

Uno de los edificios que más me ha gustado es el de la Bolsa, que antiguamente albergaba un mercado de abastos (muy apropiado, ¿no?). Es muy original y un ejemplo clarísimo del estilo renacentista que provino de Holanda en el siglo XVII. El edificio fue encargado en 1620 por Christian IV a los hermanos Van Steenwinckel, pero en 1625, no habiendo quedado satisfecho, el rey ordenó que se añadiera a los tejados una alta aguja espiral constituida por el entrelazamiento de las colas de cuatro dragones. ¡Porque él lo valía! A mí la aguja me tiene enamorada, pero también la bárbara simetría de la fachada y el encalado de las ventanas superiores.
Es impresionante el efecto que provoca pasar en barca por el canal entre el edificio de la Bolsa y el de la Cancillería, de un rojo profundo y con un imponente frontón que está adornado por un busto de Frederik IV.


Y como no podía ser de otra forma, en este viaje también ha habido visita bibliotecaria: El Diamante Negro, un anexo de la Biblioteca Real, debe su nombre al granito negro pulido y a la inclinación de la fachada que hace que los reflejos del sol en el agua se multipliquen el edificio como si fuera un diamante que brilla. Es realmente bonito ver la biblioteca desde el agua.

El recorrido por los canales que diferentes barcos ofrecen para los turistas es muy recomendable porque te permite ver la ciudad desde otro punto de vista, y para contemplar según qué sitios es indispensable. Por ejemplo, nosotros pudimos descubrir cómo la arquitectura al lado del agua gana terreno gracias a embarcaderos, terrazas y grandes ventanales y balcones. Todas estas casas y edificios a ras de agua resultó que anteriormente eran las viviendas de militares destinados en la marina, pero que ahora la mayoría son oficinas y estudios de diseño y arquitectura, y también algunas viviendas de protección oficial.
Durante el recorrido también pasamos por delante del paseo marítimo y vimos varios edificios enormes de ladrillo rojo y también el famoso edificio de ojos azules de la naviera Maersk. Adentrándonos por otro canal, nuestro guía nos enseñó una versión nueva de la famosa Sirenita, más moderna.

Fueron un par de jornadas completitas, pero aún queda viaje por explicar...

3 comentarios:

Rudolph. dijo...

Se ve que ha estado genial :D

Las fotos, la narración... ¡Logra que te imagines como fue que lo viviste!

Saludos ^^

Juan Pedro dijo...

¡Qué envidia!

Iris dijo...

¡Gracias Rudolph!

Me lo pasé genial Juan Pedro, pero siento darte envidia, espero que de la sana... Apunta Copenhague para un destino próximo, es una ciudad preciosa.