sábado, 16 de marzo de 2013

La signatura 400 (igual, pero diferente)

El pasado domingo asistí a la última representación de la obra La signatura 400, adaptación teatral de la novela homónia de Sophie Divry, de la que ya les hablé anteriormente en este blog.
¿Que no se acuerdan? Sí, hombre, era aquella historia de una bibliotecaria que al llegar a la biblioteca se encuentra con un usuario que se quedó encerrado el día anterior y ha pasado allí la noche.

Después de la regañina de rigor, la bibliotecaria comparte con el usuario un efervescente monólogo que en apariencia versa sobre el mundo de los libros, la lectura, las bibliotecas y las personas que las habitan, pero que en realidad es una retahíla de frustraciones, gustos y disgustos sobre su vida profesional y personal, para nada ajenas a cualquier otra persona, pero que en este caso se asocian al oficio poco creativo y rutinario de la bibliotecaria y a sus carencias afectivas.
[Nota aclaratoria de la bibliotecaria residente del blog: mi oficio es tan rutinario y creativo como yo quiero que sea, hay días que más y días que menos.]


El valor añadido de la versión teatral, que es muy fiel a la novela original, es el trabajo interpretativo de los actores Lluïsa Mallol (que también es la responsable de la adaptación) y Joan Gibert que únicamente con sus expresiones y gestualidad da la réplica sin palabras al monólogo repleto de altibajos emocionales de la bibliotecaria. 
El pequeño formato de la obra y del espacio que proporciona el escenario del Círcol Maldà hace cómplice al público de la situación desarrollada, casi como si también se hubiera quedado encerrado en la biblioteca, sólo que la bibliotecaria no se ha dado cuenta que nosotros también estamos ahí, de testigos.

¡Imperdible! ¡Una gozada!

8 comentarios:

Miquel dijo...

No he podido ir a verla ¡ pero queda pendiente.
Salut

tokian tokiko dijo...

No sabía nada de la obra de teatro pero el libro lo disfruté mucho. A ver si nos la traen por el país Vasco!

Mer dijo...

¡Qué descubrimiento tu blog! No conocía la novela, y creo que de esta semana no pasa. He llegado a ti buscando una reseña sobre La cena de Koch y me he encontrado esta recomendación. Por cierto, ¡justo ahora estoy leyendo Soy un gato de Soseki. ¿Es o no es una enorme casualidad?

Iris Duarte dijo...

Mer, muchas gracias por tu comentario, eres muy amable! A ver si te gusta La signatura 400, ya me lo dirás! :-)

Pilar dijo...

Yo también he visto la obra. me encantó, pero te deja un regusto un poco triste porque la protagonista no hace nada para salir de su situación... también es un alegato por el papel de las bibliotecas en la sociedad y en la vida de la gente, que suerte tener una biblio estupenda en mi barrio, y con un servicio de novedades interesante. Y además gratis!!!

Iris Duarte dijo...

Sí, Pilar, a mí también me quedó ese regustillo amargo por la situación de la bibliotecaria...

Urko blanco dijo...

La lectura del libro es deliciosa pero a mi me resulta difícil empatizar con la bibliotecaria.

Iris Duarte dijo...

Urko blanco, es normal que no sea fácil empatizar con ella, pero como tú dices el libro es delicioso. :-)