jueves, 22 de diciembre de 2011

La cocina literaria

Los lletraferits no podemos dejar de imaginarnos cómo debe ser esto de escribir una novela. Algunos fantasean con ello, otros hasta se tiran a la piscina. La figura típica y tópica del escritor es la de aquel atormentado que nada en alcohol hasta que sus musas le hacen una visita y entonces no puede separarse de su màquina de escribir (la imagen no es tan atractiva actualizando la tecnología) y del paquete de cigarrillos.

El escritor tiene el poder de transmitir a sus lectores historias que fascinen, quizá por eso muchas veces nos los imaginamos atormentados por el peso de su talento. Pero la vida profesional, real, de los escritores no es así, supongo que mayoritariamente, y nos preguntamos, ¿cómo lo harán para producir sus obras? ¿Siguen una metodología de trabajo disciplinada? ¿Le dedican muchas horas? ¿Qué pasa si no se les ocurre nada?

Esta curiosidad de los lectores hacia los escritores y la producción literaria también se la plantearon en la revista literaria El Ciervo. Así surgió en la publicación la sección “La cocina literaria” que durante 13 entregas respondió a las preguntas más comunes sobre cómo los novelistas escriben sus obras y por qué toman una decisión o otra. Los redactores de la revista pidieron su colaboración a diferentes figuras de renombre dentro del panorama literario del país y una sesentena fueron los que finalmente respondieron a las cuestiones más habituales: ¿Cómo y de qué manera bautizan a los personajes? ¿Cómo empiezan y acaban sus novelas? ¿Cómo escogen el título? ¿Cómo escogen los escenarios? ¿Cómo generan suspense?, entre otras. Y todas las respuestas juntas forman un libro de mismo nombre.

Como lectora curiosa que soy, me ha interesado mucho saber los diferentes métodos de trabajo que escogen mis escritores preferidos. Destaco preferentemente la aportación de este trabajo culinario-literario de los autores que sitúan sus narraciones en Barcelona y ha sido un placer descubrir como transforman la ciudad en un personaje más autores de la talla de Francisco Casavella, Javier Cercas, Alicia Giménez Bartlett y Marcos Ordóñez. Pero no puedo concluir estas líneas sin compartir con vosotros una mención que hace el escritor Antonio Soler a su colega, el gran Juan Marsé, en referencia a la peliaguda situación de titular una obra:

Cómo surge es misterioso, lo mismo que cómo surgen los personajes del libro. Se revelan de pronto, pero con la sensación de que siempre han estado en tu cabeza, escondidos detrás de una cortina. El problema viene luego. Cuando al editor, mi querida Raquel de la Concha o al par de personas en quien confío les parece un desastre. Y ahí viene el calvario. Buscar un título en frío. Y eso no sé hacerlo. Me meto en un laberinto, leo la Biblia, a Shakespeare, y no veo nada. Me salen tópicos. Una y otra vez me doy contra la pared para acabar pensando que el título de todos mis libros me lo quitó hace tiempo ese viejo pistolero, el mejor de nuestros novelistas. Marsé. Yo quisiera titular todas mis novelas Si te dicen que caí.

2 comentarios:

oli i vinagre dijo...

Muy interesante!
Me hago seguidora!

www.oli-vinagre.blogspot.com

Gracias;) Besos
Gemma

Iris Duarte dijo...

Hola Gemma,
Gracias por tu comentario. Voy a chafardear por tu casita... ;)