miércoles, 14 de septiembre de 2011

La biblioteca huele

En la biblioteca disponemos de un servicio que arrassa entre los usuarios y otras personas del barrio que no han entrado nunca en nuestros dominios: el bar.
Está ubicado en una de las entradas al edificio. Uno de los inconvenientes más destacados (para nuestras estadísticas) es que a veces hay más gente en el bar que en la biblioteca, aunque es una paradoja porque en realidad están dentro del edificio de la biblioteca...

Otras de las desventajas: el ruido y el olor. ¿Por qué? Porque no hay mampara alguna que separe los dos servicios. Por eso, cuando ruge la marabunta en el bar, desde la barra tienen que hacer callar a los clientes o pedirles que bajen la voz (cualquiera diría que es un gag humorístico) y cuando llega la hora de hacer las comidas y los menús, en toda la biblioteca se huele lo que se va a comer ese día o al siguiente.
A veces es agradable. Sabes que es jueves porque a las 12 empiezas a notar el olorcito a paella. Otras no tanto, como cuando lo que detectas es coliflor a las 5 de la tarde.

Todo esto os lo cuento para ilustraros una biblio anécdota que me acontenció ayer por la tarde en el mostrador de la planta de adultos (no podía ser en otro):

Usuario: "La biblioteca huele. Huele mucho a pescao"
Yo misma: "Sí, en el bar deben estar cocinando"
Usuario: "¿Y tú no puedes hacer nada?"
Yo misma: "0_0 No, si quiere puede usted formalizar una queja pidiendo que nos instalen una mampara separando el bar de la biblioteca"
Usuario: "Niña, ¿por qué no subes tú y les dices a los del bar que estas no son horas de cocinar pescao?"

Nunca dejo de sorprenderme por las consultas y peticiones extrañas que recibo durante las pocas (y desgraciadas) ocasiones en las que tengo que atender en la planta de adultos. Los niños no preguntan cosas tan básicas y seguramente entenderían por qué no puedo ir al responsable de otro servicio y decirle cómo debe gestionarlo. Con ellos podemos intentar adivinar a qué huele hoy. A mí el otro día me olía a rollito de primavera, a ellos les olía a pimiento. ¡Misterios de la biblio vida!

6 comentarios:

Javier Altayó dijo...

Sigo tu blog desde hace tiempo y siempre he querido decirte que tienes más paciencia que Job. Y escribe más.

Miquel dijo...

A ver camareroooooooooooo¡¡¡ una de saramagos, con picantes monzó...y de beber una cervesssita a lo Unamuno, o sea, que cuando se acabe, no me coloque en estado permanente de congoja ¡¡¡¡

Antò dijo...

No me puedo creer que pidan a sus clientes que guarden silencio porque están al lado de la biblioteca, es muy de Rafael Azcona eso. Con los niños es más fácil tener conversaciones lógicas, supongo que lo de buscar tres pies al gato es más de los adultos. Un saludo.

P.D. ¿Dónde hay que firmar por esa mampara?

Samedimanche dijo...

Doy fe de los olores...biblioteca con Odorama, genial para leer recetas.
La semana que viene firmo pidiendo mampara.

Iris dijo...

Javier, muchísimas gracias por tu comentario, pero si tuvieras 8 años y estuvieras en mi sala infantil quizá no pensariás eso... :) Intentaré escribir más.

Miquel, ojalá fuera esa la situación...

Antò, piensa que no están al lado de la biblioteca, ¡están dentro! Y el ruido se cuela por todo el edificio molestando a la gente que quiere leer o estudiar. Es surrealista, a la par que molesto porque sabe mal tener que pedir a los clientes del bar que bajen la voz, pero no queda otra.
Vía hoja de sugerencias se puede pedir la mampara... :)

Samedimanche, un día nos acabaremos conociendo en la biblioteca! :)

bajoqueta dijo...

jajajaja surrealista! Necessiteu una màmpara!

365 contes
Terra de llibres